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"¿No hay que cambiarlo el mundo? La virtud, pues, es peor que inútil: es también un vicio. Si se necesita ser particularmente bueno es que algo va francamente mal. Maldita la época -sí- que necesita héroes y santos. No se puede transformar el mundo con la varita de masturbar nuestras virtudes: hay que derribar la Bastilla."
Santiago Alba Rico.

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30.7.09

Historia de mis apodos nº 2: Gobernadora Marley

Esta es la historia sobre cómo me pusiste un apodo y te puse dos apodos yo a ti. Uno de ellos era Guybrush Threepwood.

Fue un fin de semana a principios del verano en un cortijo. Teníamos 16 o 17 años y Manu Chao todavía no había empezado a hacer el gilipollas del todo. Una cocina rústica, litros y litros de alcohol, chicas y unos cuantos pelúos raros. De repente un tío con pinta de chalao entró en la habitación con una ballesta cargada y nos apuntó formulando la siguiente pregunta:

- ¿Habéis visto una rana por aquí?- tenía los ojos desorbitados, extrañamente fijos, realmente no resultaba nada tranquilizador.

Tú te adelantaste tratando de hacer que te apuntase a ti, parecía una de esas películas que pasan en Los Ángeles versión Almería rural con dementes urbanos. Al final conseguiste que se olvidase de la ballesta y jugase con la rana muerta. Luego cogiste una botella de anís del mono, me miraste de una forma divertidísima a través de ella. A partir de ahí, local de ensayo, cerveza xibeca, risas, confidencias y el Monkey Island.

2 comentarios:

DIAVOLO dijo...

...pero me he quedado sin entender lo de "Gobernadora Marley"...

a p n e i c a dijo...

Pues... como se trata de historias de mis apodos, como pone en el título, es un apodo mío.

Si sabes quién es Guybrush Threepwood, sabrás quién es la gobernadora Marley. Si no lo sabes porque eres muy joven para conocer el Monkey Island, entonces casi que da igual, ¿no?

"¡Por un fusible y un rotor! Es una advertencia al lector: las cosas van mal, pero irán peor. Digan lo que digan, éstos gripan mejor que Reagan. La humanidad no para de avanzar: primero vino Felipe y ahora tenemos a Aznar. ¿Por qué no me dejan participar? ¡Por un cable y un pistón! ¡No acepto la jubilación! ¿Por qué no me dan un nombramiento? Volveré, lo garantizo, y globalizaré hasta el granizo. jajajajaja. ¡Qué mala, pero qué mala soy!

Prólogo de la Bruja Avería en El Libro de la Bola de Cristal,
por Santiago Alba Rico.