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"¿No hay que cambiarlo el mundo? La virtud, pues, es peor que inútil: es también un vicio. Si se necesita ser particularmente bueno es que algo va francamente mal. Maldita la época -sí- que necesita héroes y santos. No se puede transformar el mundo con la varita de masturbar nuestras virtudes: hay que derribar la Bastilla."
Santiago Alba Rico.

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20.11.09

¡Somos los performers del universo, tío!

La piñata de versos, la rifa del recital privado en el baño, las palabras que me salieron del pecho, la eRección de la reina de la poesía (en la que concurrieron Miss Hiato, Miss Onomatopeya y Miss Hipérbaton) con bandas y corona dorada incluída, Danilo con esos versos y ese maravilloso juego de piernas, Manolo Arana liándola con las patatas fritas, regalando palabras para que construyan algo más grande, juegos interactivos, Tarha con ese vestido, la mirada maravillosa de las chicas que llegaron en bicicletas rosas para hacernos sonreír, el vídeoarte, los equipos y todos los que vinísteis anoche a vernos.

14.11.09

de purpurina hasta las cejas

hoy he visto destellos dorados aparecer en el lomo de un hada, estrellas rojas sobre la mesa, una palabra violeta caer desde arriba junto a una mujer y cosas verdes volando. debe de ser que estoy elefantiANDO.

5.7.09

Reseña apneica

"Pasar una noche con Natalia para leer sus mentiras...".
Natalia Zarco


Sorprendida por una reseña nueva, por poder ser leída aún siendo como es mi criatura una asfixia que quiere respirar. Creo que no dejé ni una sola pista falsa. Y Natalia Zarco ha sido generosa adivinando el camino.

14.4.09

19.2.09

A la espera de lo que está por llegar, y pronto, os dejo con mi
criatura primera
está aquí

23.8.06

El niño del dedo en la nariz

Érase que se era un niño al que le gustaba subir a los árboles, perderse en el bosque bajo la tormenta, plantar hortalizas en los riscos y pasar toda la noche persiguiendo libélulas. Su madre estaba espantada por la forma en que llevaba los pantalones, la manera de combinar colores con los calcetines, el modo en que escribía renglones torcidos y cómo no sabía lavarse las manos adecuadamente cada diez minutos. A su padre le aterraba que no llegase a ser abogado, que no cumpliese las expectativas de la familia y que de mayor no trajese dinero ni prestigio suficiente a casa como para hacer morir de envidia a los vecinos. Sus hermanos se reían de él porque no le gustaba jugar a pegarse por tonterías con ellos y porque no sabía amenazarlos con chivarse para que le diesen dinero a cambio.

Y así fueron pasando los días encerrado en casa, rodeado de libros, con la raya en medio, y siendo objeto constante de burlas y lamentaciones. Hasta que un día tuvo una idea: pensó que si querían a alguien que se quedase muy quieto haciendo y siendo todo lo que esperaban de él, podría fabricarlo. Así que cogió unos cuantos palos de fregona, un cubo metálico del jardín y los ató con cuerda. Para la cara puso una foto que nadie echaría de menos; una que le hicieron una tarde cuando tenía 4 años y en la que salió con el dedo metido en la nariz.

De este modo continuó sus días en los bosques, aprendió a pescar y a explorar la tierra, viajó por el mundo, habló más de 11 lenguas y vivió mil aventuras. Pero conforme se fue haciendo mayor el busca que había colgado de su sustituto sonaba con más frecuencia y tenía que volver a toda prisa para cambiarle de posición un brazo o para responder “de acuerdo” en el momento adecuado. En su familia estaban encantados, era el ojito derecho de su padre, el abogado más prudente y perseverante de la firma y sus hermanos no habían sabido nunca mantener la compostura tan bien como él.

Pero el día que lo eligieron presidente de la comunidad se dio cuenta de que estaba en el papel de cubrir las espaldas al personaje que había creado para que lo dejasen en paz. Ya no tenía tiempo para dormir bajo las estrellas ni para nada. Así que destruyó el muñeco, tiró la foto y se sentó a la mesa una vez más, esperando a ver si su familia notaba el cambio. Ante ellos había ahora un hombre de unos 25 años, con la piel curtida por el sol y el mar y con unos ojos que habían mirado todos los océanos de la Tierra. Su madre sacó la cuchara de la sopa y apuntándole con ella le gritó:

- ¡Te he dicho cien mil veces que te saques ese dedo de la nariz!
"¡Por un fusible y un rotor! Es una advertencia al lector: las cosas van mal, pero irán peor. Digan lo que digan, éstos gripan mejor que Reagan. La humanidad no para de avanzar: primero vino Felipe y ahora tenemos a Aznar. ¿Por qué no me dejan participar? ¡Por un cable y un pistón! ¡No acepto la jubilación! ¿Por qué no me dan un nombramiento? Volveré, lo garantizo, y globalizaré hasta el granizo. jajajajaja. ¡Qué mala, pero qué mala soy!

Prólogo de la Bruja Avería en El Libro de la Bola de Cristal,
por Santiago Alba Rico.